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En 1981 el ARC Sebastián de Belalcázar de la Armada Nacional hundió el Karina, un barco que traía más de 500 FAL para la guerrilla colombiana. Quise incluir parte del relato de un guerrillero del M-19 protagonista de este suceso que plasmó German Castro Caycedo en su libro "El Karina" :

"Era la primera vez que nos subíamos a un barco y con el vaivén empezamos a sentir que el estómago se atravesaba en la garganta y... vomitó el primero, y vomitó el segundo, y vomitó el tercero y después todos vomitamos y empezamos a agonizar allá abajo. Subimos, dejamos pasar algún tiempo y así, muy mareados y muy borrachos, volvimos a bajar y desbaratamos parte del primer empaque de madera que había entre el contenedor. Eran unas cajas grandísimas que decían 'Portugal' en letras de buen tamaño y dentro de cada una venían, por lo menos cien fusiles desarmados, engrasados y envueltos en papel de cera."

"Cuando tuvimos las primeras piezas en las manos, aceptamos que no era fantasía suponer que habían estado en alguna guerra en Asia, África, Medio Oriente... Fusiles FAL y FAP, municiones, proveedores. Inicialmente pensamos que ahí venían cañones, ametralladoras, bazucas, fusiles de quién sabe qué características...

"Yo conocía el FAL, sabía el manejo, sabía sus secretos. La sigla quiere decir Fusil Automático Liviano. Los otros son hermanos de éstos, mucho más grandes y pesados y por eso se llaman FAP: Fusil Automático Pesado. ¿Bien? El calibre de estos juguetes es igual al del G3 que usa el ejército colombiano. La bala es grande -unos 7 centímetros- tiene forma de botella y el proyectil es de plomo recubierto con una aleación a base de cobre endurecido. Una cosa de ésas lo toca a uno y lo desbarata.

"Pues bien. Lo primero que hicimos fue quitarles el papel de cera y limpiar la grasa, una grasa negra, vieja. Después había que armar uno por uno, ensamblando, por un lado el cañón con el guardamanos y por el otro, la caja de los mecanismos y la culata. Es decir, estaban divididos en dos partes pero era muy fácil, supremamente fácil empatarlos luego. Las cajas de cartón debían quedar livianas, no solo para su manejo entre el buque y la lancha, sino durante el traslado por la selva -a hombro de guerrillero- el día que fueran desembarcadas.

"Así transcurrió la noche... Y con ese calor y ese mareo y con la boca seca porque no bebíamos nada para contrarrestar el vómito, la pérdida de energía fue bárbara. Al otro día yo veía a la gente verde y con los ojitos metidos por allá atrás y pensaba: 'Debo estar igual a ellos'. Pero no había tiempo para descansar, pues teníamos que alistar más fusiles y unas doscientas mil balas. Esas venían en pequeñas cajas de madera de unos cincuenta kilos cada una y se trataba de meterlas entre sacos, sellarles bien la boca con zunchos y colocarlas en un sitio especial".

FN FAP con trípode y cañón reforzado